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Maria Grazia Robiati Crespi

Muchos libros escritos por Augusto Robiati, cintan siempre agradecimientos a quien de alguna manera a colaborado con él, dándole sugerencias preciosas, reconsiderando el texto desde un punto de vista lingüístico habiendo efectuado él mismo estudios técnicos. Al final se lee también: "Agradezco a mi hija Maria Gracia por los numerosos mecanografiados a máquina del manuscrito".
Me presento: yo soy esa Maria Gracia que durante largos años ha desenvuelto el papel de secretaria. Además de los libros, papá escribió muchísimas cartas a periodistas y a hombres de cultura, como también diversos artículos para periódicos: me pasaba las minutas y muy a menudo me las leía antes de hacérmelas escribir definitivamente, para obtener mi "Está bien" y yo me sentía orgullosa, porque generalmente, aceptaba mis observaciones. Existe en el archivo de mi padre una colección de cartas enviadas a personajes del mundo de la cultura, de la política y del mundo religioso con las relativas respuestas que mi a mi parecer representan un patrimonio de gran interés cultural. En diferentes y simpáticas ocasiones viajé con mi padre y recuerdo la última presentación del libro "Recuerdos, Imágenes, Pensamientos" que tuvo lugar en Bucchianico (CH) donde la Casa Editorial Tinari se ocupó de la imagen gráfica y de su impresión y lo ha presentado junto al prof. Michele Ursini. Es a través de mi padre que en 1984 conocí el "Cenáculo de los Poetas y Artistas de Monza y Brianza" dirigido por la poetisa Maria Organtini porque en ese año papá presentó el libro "Los Ocho Velos" bajo la dirección del Profesor Pier Franco Bertazzini y desde el 1991 entré a hacer parte como responsable de la sección musical del Consejo Directivo como sigo siéndolo hasta el día de hoy.
Debo a mi padre mi pasión por la música. Cuando nosotros hijos éramos pequeños y vivíamos en Asmara (Eritrea) nos hacia escuchar todo tipo de música desde aquella clásica a la jazz, de la música popular a la música napolitana y nos acercó a un instrumento musical; mi hermana Anna Maria y yo, al piano y Vittorio al violín. Recuerdo que me comentaba que ningún arte ennoblece e idealiza nuestros sentimientos como la música y que tenía que abandonarme a su escucha como frente a un halago de amor. Tenía razón y más que nunca, de adulta puedo decir que, la música penetra en nosotros, despierta las memorias, atiza las esperanzas, nos embriaga y nos exalta.
Cuando papá entró a hacer parte de la Comunidad Bahá'í me repetía a menudo el versículo: "Hemos hecho de la música una escalera sobre la cual las almas suben al reino de los cielos…"
Desde el día de su fallecimiento escucho a menudo los pasajes musicales que a él le gustaban - los Nocturnos de Chopin, la Sinfonía Incompleta de Schubert - y cerrando los ojos tengo la neta sensación de encontrarme sobre esa escalera y mientras subo cada peldaño percibo en el interior de mi corazón todo su amor. Es una unión visible y tenaz que me enlaza a él y a su "mundo". No olvidaré jamás cuando me decía que la música se acompaña a todos los eventos de la vida y el hombre debe recurrir siempre a ella cuando desea incrementar su deleite o mitigar su dolor.
Maria Gracia nació en Eritrea donde ha completado sus estudios. Regresó a Italia en el 1962.

Ahora vive en Monza. Ha trabajado por muchos años como secretaria de empresa y ha dedicado su tiempo libre a la familia. Se ha casado con Marco Crespi, químico y farmacólogo. Han crecido de manera ejemplar dos hijos Roberto y Daniela.





 












Maria Grazia Robiati Augusta Falquier Ettore Sarrubbi