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Sus amigos


Julio Savi


En el pinar de Villa Borghese. Un breve recuerdo de Augusto Robiati
por Julio Savi.
Aunque viviendo en la misma ciudad, conocí personalmente Augusto Robiati y su familia sólo cuando empezaron a frecuentar la comunidad bahá'í de Asmara. En precedencia la diferencia de edad respecto a los conyugues Robiati y la frecuentación de escuelas diferentes de aquellas frecuentadas por sus hijos, no me había dado nunca la ocasión de encontrarles. Y cuando la familia hizo parte de la Fe bahá'í, mi interés fue dirigido fundamentalmente a sus hijos, muy jóvenes como lo era yo y por los cuales enseguida concebí ese afecto que hasta hoy en día perdura hacía ellos. Además, Augusto aceptó la Fe en septiembre del 1959 y yo regresé a Italia en diciembre del 1960. En aquel breve periodo, aunque encontrándolo a menudo y apreciando sus dotes, no tuve modo ni tiempo de conocerlo bien. Sucesivamente, cuando también los Robiati "repatriaron", vivíamos en ciudades diferentes y por lo tanto las ocasiones de encuentro fueron del todo esporádicas.
Mi interés y mi amistad respecto a Augusto comenzó a profundizar sólo mucho tiempo después, cuando fui elegido en la Asamblea Espiritual Nacional de los bahá'í de Italia, de la cual él, era ya miembro desde hacía muchos años. Trabaje junto a él en esa Institución hasta el 1988, año en el que Augusto se dimitió de su cargo por motivos de edad. El trabajo administrativo bahá'í es un importante factor de conocimiento entre las personas y a menudo crea entre los creyentes profundos lazos que duran luego toda la vida. Para mi Augusto fue desde un primer momento una importante figura de referencia, por la genuinidad y sensibilidad, la inventiva y la capacidad emprendedora, el coraje y el entusiasmo pero sobre todo, la gran transparencia que demostraba durante las largas secciones de asesoramiento sobre los asuntos de la comunidad nacional bahá'í.
Pero, no creo que si nuestra relación se hubiese limitado a las horas de trabajo, se habría desarrollado en mí el profundo sentimiento que me ha posteriormente ligado a él por todo el resto de la vida. Las secciones de la Asamblea se llevaban a cabo en Roma una vez al mes y duraban desde el sábado por la mañana al domingo por la tarde. El domingo por la mañana muy temprano Augusto se iba sólo a caminar por Villa Borghese y yo le pedí el permiso de poderle acompañar. Me aceptó de buen agrado. Y así cada mes, el domingo me despertaba a las seis en punto para dar un paseo de casi dos horas. Fue entonces que mi amistad por el tuvo modo de consolidarse.
No sabría decir por cual motivo, Augusto hizo de mi su confidente y participe de aspectos muy privados y delicados de su vida - para obtener mis concejos, decía. Esta confianza en mí, que yo sabía ser del todo inmerecida y que por tanto me sorprendía mucho me ligo aún más a él. He siempre acogido las revelaciones que he tenido el privilegio de recibir por parte de algunas personas como un don muy preciosos, el don de aquel universo misterioso que es el corazón humano. En mi bien circunspecta excursión del universo del corazón de Augusto me hizo descubrir las grandes afinidades que nos unían, más allá de las muchas evidentes diferencias, que puede ser, hayan sido el motivo por el cual fui elegido como amigo y como confidente. Se confirmaron también en el afecto que me unía a él y a toda su familia. No sé él, que haya podido obtener de aquellas intensas conversaciones matutinas, entro los pinos de Villa Borghese, pero conozco bien la noble lección que obtuve yo. Naturalmente, poco a poco también yo me abrí con él. Y así, estos breves encuentros mensuales, se transformaron para mí en fuente de impulso e inspiración en las pequeñas y grandes batallas cotidianas de la vida y entraron a hacer parte definitivamente de mi panorama interior, fecundos momentos de verdad y sinceridad, de paz y serenidad, de dulzura y de amistad.
Cuando Augusto dejó definitivamente la Asamblea Nacional le he echado mucho de menos. Lazos como estos son irrepetibles e insustituibles. En los años sucesivos nos hablamos por teléfono, nos encontramos también esporádicamente. Pero la magia de las brumosas mañanas romanas no se repitió nunca más. Casi diez años después, nos volvimos a encontrar en la ribera Adriática, en una mañana de invierno y Augusto, ya muy envejecido, me pidió de acompañarle para un paseo entre los pinos de la rambla de Riccione. Esa mañana me anunció la noticia de su enfermedad. Aunque minimizó la cosa, no me costo entender el significado. Recordaba bien las palabras de amor para el espíritu que Augusto me había dicho y, en particular, recordaba sus descripciones sobre sus mismas oraciones, una verdadera y dulce conversación con Dios. Y, esa conciencia me ayudo a no sufrir demasiado tras la noticia que significaba para mi la perdida inminente de un amigo y, por él, la entrada en un mundo espiritual que tanto amaba, donde habría podido proseguir, tranquilo de engorrosas distracciones, aquella intima conversación con Dios que tanto le hacían feliz.
No encontré más a Augusto. Pero cada vez que pienso en él, no puedo no recordar, con sentimientos de espera y de esperanza, estas palabras de 'Abdu'l-Bahá:
Ten por seguro que en los mundos divinos aquellos que espiritualmente se amaron se reconocerán mutuamente anhelando de unirse el uno con el otro, en una unión espiritual. Semejantemente, el amor que una persona nutre por cualquiera no será olvidado en el Reino de Dios, así como no olvidarás allá la vida que condujiste en el mundo terreno ('Abdu'l-Bahá, Tablet of Abdul-Baha Abbas 1 [Bahá'í Publishing Society, New York 1909]: 205).
Bolonia, 9 de marzo 2003


Notas biográficas
Julio Savi, ginecólogo, ejercita la libre profesión en provincia de Bolonia. Se ocupa de estudios religiosos, espiritualidad, desarrollo espiritual y aspectos tecnológicos, místicos y filosóficos de las escrituras bahá'í y sobre estos temas ha dado conferencias en Europa, Norte América, África y Asia. Es miembro de la facultad de la Universidad internacional de Landegg (Suiza). Hace parte de un grupo que dicta un curso de Economía para un nuevo orden mundial en la Universidad de Bari. Entre sus obras enumeramos Bahíyyih Khánum, Sierva de Bahá (Roma 1983), En el universo tras las huellas de Dios. Una introducción a la filosofía divina de 'Abdu'l-Bahá (Recco 1988), publicado también en ingles con el titulo The Eternal Quest for God. An introduction to the divine philosophy of 'Abdu'l-Bahá (Oxford 1989), Por un solo Dios. Apuntes de filosofía de las religiones (Roma 2000), Lejanía. Poesías (Roma 2001), publicada en el 2002 también la versión en ingles, Remoteness. Selected Poems, y numerosos artículos sobre revistas internacionales, como World Order (Wilmette, Illinois) y The Journal of Bahá'í Studies (Ottawa, Canada).


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